EL PIERCING GENITAL: del “¡Oh, yeah!” al “¡OH, NO!”



Muchas son las valientes que deciden adornarse su zona íntima con un piercing. La estética no es la clave de esta decisión, más bien es la búsqueda del placer al cuadrado.


Existen para todos los gustos: Piercing Christina, en el clítoris, en el prepucio del clítoris, en los labios genitales o el piercing Fourchette. Todos ellos al servicio de maximizar el placer y crear una sensualidad especial.


¿Hacen estos piercings más vulnerable a nuestra vagina? Imaginemos un piercing hecho por profesionales, con todos los cuidados necesarios, en unas condiciones óptimas, así como de una zona íntima impecable y perfecta. ¿Cómo nos puede afectar esta perforación estética? Casi la mitad de las mujeres ha sufrido inflamación, desgarro o sangrado como consecuencia del piercing genital.


Cada mujer es un mundo, y cada piercing tiene sus cosillas. Generalmente, pueden aparecer complicaciones como daños en vasos sanguíneos y nervios. También pueden darse infecciones por un mal cuidado, con consecuencias negativas como la esterilidad. Tampoco debemos olvidar alergias a ciertos materiales, malas cicatrizaciones y desgarros por movimientos bruscos.


“¡Pero las relaciones sexuales junto a mi piercing son mucho más excitantes y satisfactorias!”. ¡Genial! Muchas dan fe de ello, y eso es porque en sus relaciones sexuales han jugado muy cuidadosamente. Es importante saber que los preservativos pueden romperse.


Si deseas un piercing genital, te recomendamos que te pongas en manos de expertos que trabajen con materiales desechables y perfectamente esterilizados. Infórmate lo máximo posible y si al hacértelo notas cualquier molestia, no dudes en ir al médico.


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